Esta mujer salvó a niños escondiéndolos en cubos de basura hasta que la pillaron, y así acabó

 

Esta mujer anciana se llama Irene Sendler y pocos habían oído hablar de ella hasta hace unos años.

Irene nació en Varsovia en 1910. Su padre le enseñó muchas cosas, pero una de ellas era que debía ayudar a aquellos que lo necesitan. Esta es su increíble historia.

 

Irene tenía siete años cuando su padre murió. A causa de eso, él tuvo mucha influencia en su vida y ella intentó seguir sus pasos. Cuando creció, decidió convertirse en enfermera para ayudar a niños y proveer de comida y ropa a las familias necesitadas. En esa época, el antisemitismo estaba creciendo en toda Europa, pero Irene continuó ayudando a las familias judías como a cualquier otra.

 

Cuando los nazis ocuparon Polonia en 1939, las familias judías se enviaron al gueto de Varsovia. Irene, conmocionada por las condiciones del gueto, decidió unirse a una organización que proveía de ayuda a los judíos.

Como la situación se hizo todavía peor, se dio cuenta de que tenía que dar pasos radicales, incluso arriesgando su vida.

Irene comenzó a ayudar a niños judíos para que escaparan del gueto, donde habrían acabado seguramente muertos si se hubieran quedado. Los enviaron a refugios o fueron adoptados. Aunque las intenciones de Irene eran buenas, muchas madres se resistían a confiar sus hijos a una extraña. Todavía no sabían que la mayoría iba a acabar en campos de concentración.

Los trucos que utilizó Irene fueron imaginativos. A veces los escondía en ambulancias que llevaban a enfermos graves. Cuando la vigilancia se hizo más intensiva, los escondió en sacos, cubos de basura e incluso ataúdes.

Irene consiguió salvar más de 2.500 niños. Mantuvo la información sobre sus destinos en una pequeña lata que escondía en un jardín cercano.

Sus métodos funcionaron a la perfección hasta que un día los alemanes descubrieron qué estaba pasando. Irene fue enviada a prisión y torturada. A pesar del daño, nunca dio la información sobre el destino de los niños a los que había salvado.

Al final, los nazis dejaron de intentar sacarle la información y la sentenciaron a muerte.

Pero he aquí que el destino de Irene era otro. Alguien sobornó a un soldado y consiguió escapar. Desde ese momento cambió de nombre y, a pesar de todo, todavía siguió ayudando a otros a escapar.

Después de la guerra, Irene desenterró la lata que contenía las notas sobre los niños y se la dio al gobierno para que encontraran a los judíos que habían sobrevivido.

Irene se casó, tuvo tres hijos y tuvo una vida feliz sabiendo que había hecho lo correcto. “El motivo por el que salvé a esos niños tenía sus raíces en mi propia niñez”. “Crecí creyendo que debía ayudar a los demás, sin importar su nacionalidad ni su fe”.

En el 2007, Irene fue nominada para el premio Nobel de la Paz. Al año siguiente, con 98 años, murió. Luchó por la justicia y su contribución a la Historia no debe ser subestimada.

Esta dama con un corazón enorme probó a todo el mundo que cualquiera puede tener el coraje de mantener sus valores incluso en los tiempos más difíciles.