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No todas las piezas encajan en el mismo puzzle


Foto: Pixabay // Dominio Público
Si pudiésemos representar nuestra vida como un puzzle, veríamos que esta no es más que un conjunto de piezas, fragmentos de historias aleatorias que nos marcan, trozos de recuerdos que lo cambian todo y pedazos de personas que nos hacen ser quienes somos. Cierto es que, también, veríamos que no todas las partes tienen la misma importancia. Hay sucesos que nos marcan más, quizás por su relevancia, quizás porque nunca llegan a pasar, memorias tan intensas que no nos atreveríamos ni a escribir ni a contar, porque duelen y alegran al mismo tiempo, tanto al que las cuenta como al que las escucha. Da igual. Y los sujetos, aquellos que dan sentido a ambos, a las historias y a los recuerdos. Las piezas más importantes del puzzle son las personas con las que hemos construido nuestro rompecabezas, palabra un tanto simbólica si tenemos en cuenta las veces que más de una nos ha hecho trizas la cabeza a golpe de pensamientos, o lo que es peor, el corazón.
Pero no todas las piezas encajan en nuestro puzzle, y es que como bien dice la jugadora de póker, Celeste Orona, en su artículo, Confía en ti y ‘pasa’ del resto, no todo el mundo puede ver lo que eres, así que muchos caerán en el prejuicio a la hora de dirigirse hacia tu persona: son piezas que nunca podrán encajar en tu puzzle. Y no pasa nada. Encajarán en otro y eso está bien. Cada cosa tiene su lugar. De las piezas que sí encajan, están las que nos tocan sin haberlas elegido: la familia. Nacemos rodeados de personas que ya nos acompañan desde nuestro primer aliento de vida, hasta que con el tiempo nos damos cuenta de que ‘familia’ es solo una palabra y decidimos quedarnos solo con las personas que hacen honor a su significado. También están las parejas, aquellas piezas efímeras que un día nublan tu mirada y se convierten en todo tu mundo pero que no son más que meros acompañantes que te ayudan a ver lo que no quieres para algún día poder encontrar aquello que sí. Los conocidos, que nunca pasan del saludo cordial y los que un día se convierten en piezas clave. También están las que no tienen nombre que las defina, te importan y ya está. Todos conocemos a alguien así. Y los amigos que, aunque soy consciente de que hay muchos tipos de ellos, me centraré en mis favoritos, los de verdad.


Foto: Pixabay // Dominio Público
Esas personas que te encuentras en el camino y que ya caminan contigo sea cual sea tu destino. Los que dicen sí a todos tus noes y también los que te muestran la verdad. Personas con las que lo compartes todo, con las que te quitas el disfraz. Los amigos de verdad son aquellos para los que el tiempo no es una excusa porque siempre encontrarán un minuto para estar contigo. Los que estarán cuando ni tú mismo estés y te ayudarán a seguir, a mirar desde fuera, a superar. Los que te recuerdan con acciones que pase lo que pase ellos permanecerán. Son los sujetos que están en cualquiera de tus predicados, aquellos que no solo forman parte de unas frases, sino que son la esencia de las mismas.
Hay personas que te dan y personas que te quitan. A las que has dado y a las que has quitado. Las que, al dar, te han dado. Las que, al quitar, te han quitado. Y las que, por nada, dan y reciben. Eso es, supongo, la amistad. La definición sería algo así: acción de dar y recibir sin esperar. Dar cuando a uno le falta, recibir cuando es el otro el que necesita llenar. Llenar y vaciar. Eso es, la reciprocidad. Esos son los amigos, los de verdad. Los que con solo una mano podemos contar. Las piezas que no solo encajan, sino sin las que tu puzzle no se podría montar.

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