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Si humanizas a tu mascota podría ser un signo de trastorno mental

Hoy día muchos afirman que la sociedad está cambiando hasta el punto de que muchas parejas eligen tener mascotas como perros o gatos en lugar de tener hijos. Dejando a un lado que esto contribuye al desastre demográfico actual, resulta que hay científicos que están afirmando que la cosa podría ser peor.

Tener una mascota es algo maravilloso para tener en una casa como protector del hogar. Se sabe bien que un perro o un gato tienen efectos positivos en personas con ciertas enfermedades y previenen otras como la depresión. En la mayoría de los casos podemos decir que una mascota llega a ser como un miembro más de la familia.

Sin embargo, hay una línea peligrosa que algunos llegan a cruzar, y puede ser señal de un trastorno psicológico. ¿Dónde está esa línea? Cuando llegas a tratar a tu mascota como a un humano más, es decir, cuando lo humanizas. Entonces aparece lo que los expertos han denominado el ‘perrhijo’.

¿Qué es un perrhijo?

Los perrhijos son mascotas, concretamente perros, cuyos amos los han humanizado hasta tal punto que los tratan casi como si fueran personas, substituyendo en muchos casos el espacio de un hijo.

¿Es malo tener un ‘perrhijo’?

Según expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México esta conducta puede suponer un problema, tanto para los humanos como para los propios perros. Según Moisés Heiblum, de la Facultad de Medicina Veterinaria:

Las personas que tienden a humanizar a sus animales de compañía les causan un gran daño, pues les exigen comportamientos que no son propios de su especie. Tratar como humano a un perro o gato, desdeñando sus propias formas de comunicación, organización social y reglas de convivencia, limita su bienestar al generarles un alto grado de ansiedad

Según afirman, esta situación se ha vuelto relativamente común, hasta el punto de que cada vez hay más personas y parejas sin hijos que mitigan su soledad con animales. Entonces estos animales se convierten en miembros de la familia y se integran en actividades propias de humanos.  Y esto es perjudicial para ambas partes.

Por ejemplo, si un animal pasa todo el día con su dueño, se crea un apego especial y, cuando el humano no está, el animal se siente frustrado y puede llegar a sufrir ansiedad.

“Al regresar y ver el desorden, el dueño piensa que el animal lo hizo en venganza por haberlo dejado solo, lo regaña y lo trata como si entendiera las circunstancias, cuando en realidad el perro está expresando ansiedad porque la figura que le aporta seguridad no está disponible”

En otras ocasiones, al ser demasiado tolerantes con la mascota y dejarles realizar acciones como subirse a una cama o un sofá libremente, luego pueden presentarse problemas, porque el animal no entiende que un día no quieras dejar que se suba y puede llegar a reaccionar de forma agresiva.

Igualmente, si los hacemos partícipes de fiestas como cumpleaños y bodas, podrían causarles conflictos porque simplemente no comprenden la situación.

Según este investigador, algunas de las acciones que deberían preocuparnos son:

  • Gastar más dinero en los perros que en personas
  • Comprarles ropa “humanoide”
  • Publicar “selfies” de los animales
  • Referirse a ellos como “mi bebé” o algún apodo similar

Entre otros comportamientos relaciones, son las señales de la enfermedad, debido que al invertir dinero de más les genera grandes expectativas acerca de la mascota, por ello Heiblum recomienda cuestionarse lo siguiente: ¿Quién lo necesita más, el animal o yo?.

El afecto excesivo de al “perrhijo” podría ser también un foco que indique un desarrollo de patología mental, por lo que una revisión podría ser necesaria para determinar si hay o no una cuestión patológica o solo es un gran cariño a la mascota.

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